El papa Francisco bendice a una niña mientras su familia presenta la ofrenda durante la Misa de clausura de la Jornada Mundial de Familias en Filadelfia en 2015. Foto CNS | Paul Haring
El papa Francisco bendice a una niña mientras su familia presenta la ofrenda durante la Misa de clausura de la Jornada Mundial de Familias en Filadelfia en 2015. Foto CNS | Paul Haring

Al clérigo, religiosos consagrados y fieles laicos de la Diócesis de Trenton,

Pocas veces disfruto de viajar solo, ya sea por negocio o placer. Cuando voy a alguna parte, especialmente en un viaje más largo, prefiero la compañía de otros para conversar, para intercambiar ideas, compartir diversas experiencias y, simplemente solo, para el acompañamiento. En muchos sentidos, creo que esa preferencia explica por qué comencé el camino hacia el sacerdocio en una comunidad religiosa en donde el énfasis está en la vida y el ministerio junto con una “banda de hermanos” unidos por el carisma de un fundador, un espíritu y un propósito en común. Realmente, ese es el punto de la vida religiosa y, tal vez, una contribución única que doy a los sacerdotes diocesanos como su obispo diocesano. ¡Yo disfruto “caminar juntos”!

La Iglesia Católica en los últimos años  particularmente durante el pontificado del papa Francisco, un sacerdote de una orden religiosa – se ha acostumbrado a oír la novedosa expresión “sinodalidad” utilizada para describir la naturaleza de la Iglesia de hoy en día. La palabra en sí se deriva de dos palabras griegas que significan “camino o recorrido común”. La sinodalidad, “en este contexto eclesiológico, indica la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia, Pueblo de Dios, que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión, cuando todos sus miembros caminan juntos, se reúnen en asamblea y participan activamente en su misión evangelizadora” (Comisión Teológica Internacional, “La Sinodalidad en la vida y en la misión de la iglesia”, 2 de marzo, 2018, párr. 6).

Si bien, los sínodos no son nuevos para la Iglesia. El papa san Pablo VI (1897-1978) estableció formalmente el “Sínodo de Obispos” después del Concilio Vaticano II (1962-65) como una “institución permanente” en la Iglesia “por medio de la cual los Obispos elegidos de las diversas partes del mundo prestan una ayuda más eficaz al Pastor Supremo de la Iglesia” proporcionando información y ofreciendo consejos (Pablo VI, 15 de septiembre, 1965, carta apostólica motu proprio “Apostolica sollicitudo (Preocupación apostólica))”. El papa convoca estos sínodos como reuniones “ordinarias” (o sea según un horario establecido) o “extraordinarias” (o sea establecidas para tratar un tema urgente o específico de la Iglesia) – de obispos de por el mundo designados, elegidos por el papa. Aun cuando los sínodos no están en sesión, todavía tienen un secretariado u oficina permanente en Roma, dirigida por un miembro de la jerarquía nombrado por el papa.

Escribiendo desde Roma a los obispos del mundo a principios de este año, el cardenal Mario Greich, Secretario General del Sínodo de los Obispos, reflexionó: "La sinodalidad se refiere a la esencia misma de la Iglesia, su realidad constitutiva, y por lo tanto está orientada hacia la evangelización. Es una forma de ser eclesial y un ejemplo profético para el mundo de hoy". Tal vez una descripción más teológica de lo que la mayoría de nosotros estamos acostumbrados en la conversación cotidiana, esta idea puede simplificarse como "un camino o camino común" para la vida y la obra de la Iglesia de hoy, "caminando juntos". La Iglesia imagina un sínodo que va mucho más allá de una mera reunión de obispos para incluir y abrazar a todo el Pueblo de Dios.

La historia reciente provee un contexto para comprender la discusión actual sobre la sinodalidad.

A lo largo de su pontificado, el Papa Francisco ha expresado su deseo de fortalecer la unidad, la hermandad y la inclusión de la administración de la Iglesia en asuntos de fe, moral y vida en la Iglesia. Con ese fin, basándose en su exhortación apostólica del 24 de noviembre de 2013 Evangelium Guadium (La alegría del Evangelio)", el Papa Francisco emitió una constitución apostólica Episcopalis Communio (comunión episcopal)” el 15 de septiembre de 2018, "para remodelar profundamente todas las estructuras eclesiales para ser más misioneras (una preocupación permanente del Santo Padre)... (y) convertirse cada vez más en un canal adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación... un instrumento privilegiado para escuchar al Pueblo de Dios".

Tres años antes, en el quincuagésimo aniversario de la institución del “Sínodo de Obispos” por el papa san Pablo VI, el papa Francisco escribió: “es precisamente este camino de sinodalidad lo que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Lo que el Señor nos está pidiendo, ya está en cierto sentido presente en la misma palabra ’Sínodo’”.  “Caminando juntos”  laicos, pastores y el obispo de Roma –   es un concepto fácil de poner en palabras, pero no tan fácil de poner en práctica (17 de octubre, 2015).

El 24 de abril de este año en curso, el papa Francisco anunció la convocación del decimosexto Sínodo Ordinario – originalmente programado para el 2022 pero postergado a causa de la pandemia hasta el 2023 – con el tema “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión”, en cierto sentido, “un sínodo sobre sinodalidad”. Este seguirá una estructura programática recientemente revisada:

Este camino hacia la celebración del Sínodo consta de tres fases, entre octubre del 2021 y octubre del 2023, una fase diocesana y una fase continental que dará vida a dos documentos de trabajo diferentes y, finalmente, una fase concluyente a nivel de la Iglesia Universal… El Sínodo de los Obispos es el punto dinámico de convergencia que exige la escucha mutua del Espíritu Santo en todos os niveles de la vida de la Iglesia (Secretariado general por el Sínodo de Obispos, “Nota sobre el XVI Sínodo Ordinario”, 21 de mayo, 2021).

El XVI Sínodo Ordinario de Obispos comienza el domingo, 10 de octubre, 2021, con una Misa celebrada en Roma en la Basílica San Pedro por el papa Francisco. Cada diócesis en todo el mundo iniciará su fase diocesana del Sínodo con una Misa celebrada por su obispo diocesano el domingo siguiente, 17 de octubre, 2021. En la Diócesis de Trenton, esa Misa se celebrará en la Catedral Santa Maria de la Asunción en Trenton a las 3 de la tarde. La Diócesis también aprovechará esa ocasión para conmemorar el comienzo de nuestro ciento cuadragésimo aniversario.

El programa o “camino” de la fase diocesana para “caminar juntos” se describe en la nota de la secretaria general del 21 de mayo de 2021, a la que se hizo referencia anteriormente.

Cada obispo designará una persona de contacto diocesana (y eventualmente un equipo) para la consulta sinodal: serán un punto de referencia y de enlace con la Conferencia Episcopal. Acompañarán todas las etapas del proceso de consulta en la Iglesia local.

La consulta en las Iglesias particulares incluirá aquellos grupos de participación previstos en Episcopalis Communio, sin excluir otras modalidades que se consideren apropiadas para que la consulta sea real y efectiva. (cfr. Episcopalis Communio, 6).

La consulta con el Pueblo de Dios en cada diócesis se concluirá con una reunión pre-sinodal, que será la culminación del discernimiento diocesano.

Después de la conclusión de la fase diocesana, cada diócesis enviará sus contribuciones a su Conferencia Episcopal en una fecha determinada por la propia Conferencia Episcopal. Las Iglesias orientales enviarán sus contribuciones los organismos correspondientes.

Se está preparando los elementos de la fase diocesana del Sínodo para la Diócesis de Trenton.

Una parte integral del propio camino sinodal diocesano con sus temas principales de “comunión, participación, misión”, es el esfuerzo por llegar al mayor número de posible de católicos de la Diócesis:  clérigo y religiosos consagrados, hombres y mujeres, los católicos activos además que los católicos laicos “ausentes” o que ya no practican la fe, matrimonios y solteros, de cada generación, raza, origen nacional y étnico, de diferentes puntos de vista, y estatus social, político o económico. En otras palabras, es decir todos aquellos que en el pasado o todavía llaman a la Iglesia Católica “hogar” están llamados a participar activamente en la sinodalidad de la Iglesia haciendo una pausa para escucharse unos a otros en este camino.

Algunas preguntas y puntos de reflexión para todos los participantes descritos anteriormente incluyen: ¿Cuál ha sido/ es su experiencia de la Iglesia Católica? ¿Cómo ha moldeado o afectado esa experiencia a su vida y su fe en Dios? ¿Qué obstáculos en la liturgia, el aprendizaje y el servicio ha encontrado que pueden haber influido negativamente en la práctica de su fe católica? ¿Qué necesita como católico, para ser un miembro más fuerte, más intencional, más comprometido, y más conectado de la Iglesia, para pertenecer y sentir que pertenece a la Iglesia? ¿Cómo podemos “caminar juntos” católicos en los condados de Mercer, Burlington, Ocean y Monmouth?

Al reflexionar en el significado de la sinodalidad de la Iglesia Católica, me acuerdo de la famosa descripción del poeta y novelista irlandés James Joyce (1882-1941) y su descripción famosa de la Iglesia Católica en su libro “El Velorio de Finnegan”: “¡aquí viene todo el mundo”! ¿Puede que eso volver a ser cierto para nuestra Iglesia? ¿Puede el camino sinodal diocesano llevarnos juntos allí?

Dado que hay otras dos fases posteriores a este Sínodo – la “fase continental” de nivel de la Conferencia Episcopal (es decir para nosotros la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos) y la “fase universal” en Roma – el decimosexto Sínodo Ordinario de Obispos no se completará hasta octubre del 2023. Esperamos que no termine allí.

Al final de cada Sínodo de Obispos, el papa suele publicar una “exhortación apostólica” resumiendo los principales énfasis y determinaciones del Sínodo. Junto con una revisión por parte del colegio de obispos asistentes, estos documentos se consideran parte del magisterio ordinario o autoridad de enseñanza del papa, para ser creídos por todos los fieles.

Ese es el programa o plan para “caminando juntos” de nuestra Iglesia” hasta el 2023. El éxito y los frutos de estos esfuerzos dependerán de nuestro desarrollo común y de la aplicación del contenido por parte de la Iglesia en todos los niveles y, lo más importante, dependerán de nuestra apertura a la acción del Espíritu Santo. Los resultados duraderos del Sínodo, por supuesto, tomarán tiempo en surgir.

Como ha declarado el cardenal Greich, “el Sínodo no es solo un acontecimiento, sino un proceso que involucra en sinergia (es decir mediante la colaboración y la cooperación) al Pueblo de Dios, al Colegio episcopal y al Obispo de Roma, cada uno según su propia función”. Advierte, sin embargo, que este Sínodo “no se trata de democracia, ni de populismo ni de nada por el estilo; Más bien, es la Iglesia como Pueblo de Dios, un pueblo que, en virtud del bautismo, es un sujeto activo en la vida de la Iglesia”. Así es como la iglesia cumple su papel misionero: una “Iglesia que escucha”; una “Iglesia que discierne”; una Iglesia de “comunión, participación y misión”, “que camina junta”.

Pido al clero, a los religiosos y a los fieles laicos de la Diócesis de Trenton que oren por la Iglesia mientras se prepara para este importante esfuerzo espiritual. Es mi esperanza, como el Obispo de la Diócesis, que todos participemos fructíferamente y nos beneficiemos del Sínodo a nivel diocesano, escuchándonos unos a otros mientras compartimos nuestras diferentes “historias”, experiencias, desafíos y esperanzas para la Iglesia en este momento emocionante de su historia.

Para concluir, invito a toda la Diócesis de Trenton a unirse en esta “Oración por el Éxito del Sínodo”:

Estamos ante ti, Espíritu Santo, mientras nos reunimos en Tu nombre. Tú que eres nuestro verdadero consejero: ven a nosotros, apóyanos, entra en nuestros corazones. Enséñanos el camino, muéstranos cómo alcanzar la meta. Impide que perdamos el rumbo como personas débiles y pecadoras. No permitas que la ignorancia nos lleve por falsos caminos. Concédenos el don del discernimiento, para que no dejemos que nuestras acciones se guíen por perjuicios y falsas consideraciones. Condúcenos a la unidad en ti, para que no nos desviemos del camino de la verdad y la justicia, sino que en nuestro peregrinaje terrenal nos esforcemos por alcanzar la vida eterna. Esto te lo pedimos a ti, que obras en todo tiempo y lugar, en comunión con el Padre y el Hijo por los siglos de los siglos. Amén.

Dado en la cancillería de la Diócesis de Trenton en este veintiocho Domingo del Tiempo Ordinario, el 10 de octubre del 2021 en el Año de Nuestro Señor.

El reverendísimo David M. O'Connell, C.M., J.C.D.
Obispo de Trenton